Cuando pensar demasiado es una defensa

El racionalismo como armadura emocional en la madurez

Hay mujeres muy lúcidas que siguen cansadas.
No porque no entiendan lo que les pasa,
sino porque entender se volvió su forma de protegerse.

Pensar, analizar, explicar, justificar.
La mente funcionando a pleno.
El cuerpo, en segundo plano.

En la madurez, esto no es casualidad.
Es una defensa conocida.

Pensar no siempre ordena

A veces evita sentir

El racionalismo no aparece porque seas fría, distante o poco emocional.
Aparece cuando el cuerpo aprendió que sentir sin control era peligroso.

Entonces la mente toma el mando.

No para ayudarte a crecer,
sino para mantenerte a salvo.

Cómo se ve esta defensa en la vida diaria

No hace ruido.
Es elegante.
Incluso es socialmente premiada.

Suele verse así:

  • Explicas todo, incluso lo que te duele

  • Justificas conductas que te lastiman

  • Te dices “lo entiendo” cuando en realidad estás agotada

  • Analizas tanto que no llegas a sentir nada completo

No es claridad.
Es contención mental.

El cuerpo queda fuera de la ecuación

Cuando la mente domina:

  • el cuerpo se tensa

  • la respiración se acorta

  • la emoción se aplaza

El sistema nervioso entra en un estado de hipercontrol.

Y sostener eso cansa.
Mucho.

Por eso hay mujeres que “lo tienen todo claro”
pero viven con fatiga, irritabilidad o desconexión corporal.

La defensa fue útil

Pero hoy tiene costo

En otro momento de tu vida, pensar fue una salida inteligente.
Te permitió seguir funcionando, decidir, no derrumbarte.

El problema no es haberla usado.
El problema es no poder soltarla.

Porque hoy tu cuerpo ya no quiere solo entender.
Quiere descansar del control.

Una pregunta incómoda (y necesaria)

No para responder rápido.

¿Qué emoción evitas cuando te explicas demasiado?

No hay culpa en esta pregunta.
Solo honestidad.

Pensar no es el enemigo.
Pero cuando se convierte en armadura,
termina aislándote de ti.

La madurez no pide más análisis.
Pide presencia corporal y seguridad interna.

Y eso empieza cuando dejas de exigirte entenderlo todo.

Si este texto te ayudó a entender por qué pensar tanto también cansa, compártelo con alguien que viva en la cabeza.
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